¿Por qué Jacob adoptó a Efraín y Manasés como hijos suyos?

Para darle a José la doble porción — el derecho legal del primogénito — porque Rubén, el primogénito natural, lo había perdido. Al contar a ambos hijos de José como propios, Jacob le dio a José dos tribus donde cada otro hijo de Israel recibió una.

Antes de bendecir a sus nietos, Jacob hace algo legal. Los adopta.

«Tus dos hijos nacidos en Egipto antes de que yo viniese a ti son míos; Efraín y Manasés serán míos, como Rubén y Simeón» (Génesis 48:5). La cláusula hebrea es contundente: לִי הֵם (li hem) — «son míos». Los dos nietos nacidos en Egipto, niños que crecieron hablando egipcio, hijos de una madre egipcia (Génesis 41:45), quedan ahora contados como hijos propios de Jacob: equiparados con sus dos mayores.

El efecto legal es preciso. En la ley de herencia israelita, el primogénito recibía פִּי שְׁנַיִם (pi shenayim) — «una porción doble» — de la herencia del padre (Deuteronomio 21:17). Cada otro hijo recibe una parte. El primogénito recibe dos. Al adoptar a Efraín y Manasés y numerarlos junto a Rubén y Simeón, Jacob le está dando a José dos partes en lugar de una. José no heredará como «José» — una tribu entre doce. Su línea producirá dos tribus: Efraín y Manasés, cada una contada por separado, cada una recibiendo un territorio en Canaán. La porción doble que pertenece al primogénito va a los hijos de José.

Pero José no era el primogénito. Rubén lo era. ¿De dónde viene entonces la porción doble?

El Cronista lo explica en los términos más claros que ofrece el canon: «los hijos de Rubén, primogénito de Israel; pues él era el primogénito, pero porque profanó el lecho de su padre, su primogenitura fue dada a los hijos de José, hijo de Israel» (1 Crónicas 5:1). El acto de Rubén con Bilha (Génesis 35:22) le costó su condición legal de primogénito, y el propio veredicto posterior de Jacob confirma la transferencia: «subiste al lecho de tu padre; entonces lo contaminaste — ¡subió a mi lecho!» (Génesis 49:4). La vacante de la primogenitura era real, y Jacob la ocupó con la línea de José en el lecho de muerte.

«Efraín y Manasés serán míos, como Rubén y Simeón.»

— Génesis 48:5

Hay una nota personal sepultada en el centro de la declaración de adopción. Jacob hace una pausa para recordar a Raquel: «Raquel murió, con gran pesar mío, en la tierra de Canaán, en el camino, cuando aún quedaba alguna distancia para llegar a Efrata, que es Belén» (Génesis 48:7). La mención no es una divagación sentimental. Estos son los nietos de Raquel. La identidad de sus madres importa en un linaje patriarcal: al adoptarlos en la casa de Israel, Jacob está afirmando su lugar en la familia de la alianza a pesar de su nacimiento en Egipto y de una madre egipcia. Son nietos de Raquel, y pertenecen a la promesa.

La adopción tiene consecuencias que trascienden Génesis. Las doce tribus de Israel se cuentan normalmente por los doce hijos de Jacob. Pero Efraín y Manasés aparecen en los repartos de la tierra como territorios tribales separados, y «José» aparece sin territorio tribal propio: su línea queda distribuida entre sus dos hijos adoptados-que-se-convirtieron-en-nietos. El acto legal en el lecho de muerte de un anciano moribundo configuró el mapa de la tierra prometida.

El estudio completo traza la adopción, la doble porción y la transferencia de Rubén a la línea de José en El Ángel que me redimió.